El pescado lamido y no creído
A mi primo Said,
Quien fue el principio de esta historia
-D.A.N
Esto, realmente,
sucedió. Es un cuento basado en hechos reales. Así de simple.
Esta historia es
para reírse, como lo han hecho todos a los que les he contado esta historia yo
misma. Espero sinceramente que lo disfruten, pues si es así, contaré otras más,
no solo de mi familia, también de cuentos inventados. Como este: Margaret May
MacArthur
A.T.T Abi Núñez
Había una vez,
una familia numerosa, que tenía un abuelo, una
abuela, cinco tíos, cinco tías y diecisiete primos y primas. El apellido de
esta familia, era Núñez.
El hijo mayor de
los abuelos, era misionero, junto con su esposa y sus seis hijos y residía en
un pueblito de Nayarit. El segundo era dentista y trabajaba también en un servicio
de transporte de combis, tenía una esposa, cuatro hijos y residía en Morelia,
Michoacán. La tercera era ama de casa, que tenía un esposo que trabajaba en
jardinería y tenía hijo y residía en Medford, Oregón. La cuarta era
también ama de casa, se había casado con un electricista, tenía tres hijos y residía
en Medford, Oregón. Y por último, el quinto era carpintero y chofer de las mismas
combis, se había casado, tenía tres hijos y residía en Morelia, Michoacán. Y
los abuelos, bueno, ellos tenían su casa en Morelia, pero a veces viajaban
visitando a sus hijos en las diferentes partes del mundo.
Quizá, les interes los nombres y edades de los primos, así que los diré en orden:
1.
Abi (13)
2.
Said (12)
3.
Pablo (10)
4.
Jonathan (9)
5.
Nahum (8)
6.
Iker (8)
7.
Rebeca (8)
8.
Clohe (7)
9.
Santiago (5)
10.
Ezra (5)
11.
Arely (4)
12.
Sofía (4)
13.
Ana (3)
14.
Matías (2)
15.
Michelle (2)
16.
Lily (1)
17.
Levy (11 meses)
Estos son todos
los nietos del abuelo Chava y la abuela Lulú. 17 en total, y yo, y no es por
presumir, soy la mayor, Abi.
Como esta numerosa
familia vivía muy distanciada los unos de los otros, cada dos años se reunían
en casa del hijo mayor, el misionero. Así pues, aquí comienza nuestra historia
cómica.
En una de esas
reuniones, hacía mucho calor, así que decidieron todos ir al arroyo para refrescarse,
ya que hacían 30 grados centígrados. Habían comprado mojarras, para la comida,
había para tomar limonada fresca. Primero todos se metieron al agua, pues hacía
tanto calor que era insoportable. Después encendieron el fuego para cocinar.
--¡Nahum! Busca
hojarasca seca para prender el fuego—dijo el tío Chava.
Nahum asintió y
fue a buscar lo que le pidieron. Regresó con mucho suministro, pues traía las
manos llenas, y tanto era lo que trajo, que pronto las hojas secas comenzaron a
volar con el viento, y a la vez molestar a la gente, ya que las traviesas hojas
volaban alrededor de las caras metiéndose en los ojos de la gente.
Unos ayudaron a
cocinar, otros a sacar los platos y vasos desechables, otros a cuidar a los
chiquitos… en fin, todos ayudaron y contribuyeron a que todo estuviera listo
para comer y después volver a meterse por veinte horas al agua, (claro que
estoy exagerando con las veinte horas, pero la verdad es que en mi casa hace
tanto calor, que te quieres pasar todo el día en el agua).
Por fin estuvo la
comida lista, y como no había mesas
(pues no estamos en Estados Unidos, donde hay mesas de picnic en todos los
lugares naturales, no exagero) unos se sentaron aquí, otros allá, unos por
“acullá,” otros en la china… en fin, en donde encontraras lugar, desocupado,
cómodo y sin tierra.
Abi, Said e Iker
habían encontrado unas piedras, no muy cómodas por cierto, pero mejor que el
piso lleno de tierra y arena (porque ¿Qué encuentras en el piso natural, si no
es tierra, arena o piedra?) así que estos tres se sentaron en ellas y comieron.
Pero a la mitad del pescado, Iker ya se había llenado, así que fue con su mamá
para decir que ya se había llenado y pedir permiso para volverse a meter al
agua. Pero la repuesta que obtuvo fue “no,” pues como me imagino que ya sabrás,
no es bueno meterse a nadar luego, luego después de comer, sino que tienes que
esperar una hora por lo menos.
De todas maneras,
Iker no volvió, sino que se fue a jugar en la arena.
--Tengo que ir por
algo—dijo Said, entonces se levantó, dejó su plato en la piedra y fue…por lo
que sea que iba (Yo no sé qué era).
Abi asintió con la
cabeza, pues como la mayoría de los seres humanos sabemos, es una descortesía
hablar con la boca llena, ya sea en presencia de la Reina Isabel o en presencia
de callejeros, o incluso sin nadie. En simplemente una descortesía y una acción
nada digna de una buena persona bien educada. Eso es.
Abi siguió muy
concentrada en su plato, ya que el pescado estaba delicioso, fuese quien fuese
quien lo cocinó, por esta razón, Abi no se dio cuenta de que su perra Maya (una
Gran Danés atigrada), había estado lamiendo el pescado de su primo. Pero, Abi
se dio cuenta a tiempo, antes de que Maya pasara de lamerlo a comerlo, pero
¿Qué sentido tenía? Ya lo había lamido y nadie se lo querría comer… o ¿sí?
--¡Fuera Maya!
¡Sácate de aquí! ¡Eso no es tuyo!—Gritó Abi, dando con un palo y sin ninguna
misericordia a su propia Gran Danés.
Maya se fue muy
triste, pero eso no afecto los sentimientos de su dueña, pues Abi era dura,
severa y firme en lo que decía y hacía. Maya ya lo había comprobado muchas
otras veces, así que al primer mandato, se fue sin insistencias.
Said regresó y se
sentó de nuevo, pero antes de que pudiera hacer otra cosa, Abi lo detuvo y
dijo:
--¡Espera! Maya
vino sin que yo me diera cuenta y estaba lamiendo tu pescado, ya no te lo comas
porque está lleno de babas de perro…a menos que a ti eso no te importe, cosa
que no creo—
--¡Bah! No es
cierto—contestó Said.
Entonces… sucedió
lo que nadie hubiera imaginado: Said comenzó a comerse el pescado con todo y
babas. Abi solo supo quedarse inmóvil y contemplar a su primo que había
ignorado su advertencia y comido un pescado con babas de perro. Bueno, eso
paso, y no lo inventé, aunque bien puedo inventar cualquier calamidad y
desgracia.
Pero, la gota que
colmó el vaso, fue, que al terminar de comer su pescado, Said fue con los
adultos y dijo con entusiasmo:
--Estaba muy
bueno—
Abi, que había
escuchado esto, prorrumpió a carcajadas, y debido a ello, tuvo que contar a
todos la causa de su inesperada carcajada. Los espectadores también rieron de
la anécdota, y creyeron, pero el mismo personaje de la historia no creía, a
pesar de que todos los demás ya lo habían hecho.
*****
Después de dos
días del inminente suceso, los Núñez G. los Núñez G. los Núñez M. los Núñez M.
y los Sr. y Sra. Núñez, tenían que partir, en fin, todos, excepto Abi y su
familia, tenían que partir cada cual a su casa. Como oí decir una vez: “Aquí se
rompió una taza, y cada quien para su casa.”
Temprano, a las
cinco y media, todos los viajeros se despidieron, treparon al transporte y se
fueron a Morelia, donde unos pasarían un tiempo y después se irían.
*****
Un día en su casa,
a la hora de las clases (ellos tenían escuela en casa) la mamá de Abi le pidió
que como tarea de escritura tenía que contar algo que hubiera pasado en su
vida, así que, recordando lo del pescado lamido, escribió una hoja de lo que
había pasado aquel día en que su familia los habían visitado. Al terminar, mamá
lo leyó y se rio. Ciertamente nadie es capaz de evitar reír con esta historia,
la cual, realmente pasó.
Así fue como terminó Abi su escritura
(imaginemos que pasan tres años):
“Y después de tres
años, mi primo, todavía no me cree”
Y así, esta es la
famosa historia del: “Pescado lamido y no creído”
Posdata:
Maya aún vive y
tiene siete años, cosa que para su raza, son bastantes años. Ahora tiene una
compañera, llamada Daisy, la cual, también es Gran Danés. Estoy segura que aún
hoy Maya lamenta su delito, así que manda (por medio de mí) pedir perdón.
¿No es cierto que
fue cómica mi historia?

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